Maestres e Historiadores


spoiler-alert Cuidado! Esta entrada contiene spoilers de la séptima temporada de Juego de Tronos.

En la serie de televisión Juego de Tronos, adaptación de la serie de novelas de G.R.R. Martin Canción de Hielo y Fuego, aparece una orden monástica muy llamativa, tanto por su función como por su trasfondo dentro de este universo. Se trata de los maestres, una congregación de eruditos  dedicada, principalmente, al estudio y la preservación del conocimiento. Esta orden se encuentra establecida en la ciudad de Antigua, la cual, como su propio nombre indica, es la más antigua de las ciudades de Poniente gobernada por la casa Hightower.

En este lugar, los maestres, como se llama a los miembros de la orden que han conseguido fabricar su cadena, símbolo de su maestría en diferentes artes, se dedican a investigar, copiar y proteger el conocimiento adquirido hasta el momento y continuar ampliándolo. Este conocimiento es muy variado y abarca muchas ramas. Cada maestre puede dedicarse a aquellas que le interesen y, una vez haya alcanzado la maestría en un área concreta se le permite forjar un eslabón para su cadena del metal que representa esa área concreta. Por ejemplo, dominar la medicina se representa con un eslabón de plata, la economía con uno de oro o la historia con el de cobre. Vemos por tanto que la Ciudadela es un templo del trabajo multidisciplinar.

En un principio el enfoque de este pequeño artículo iba a ser los puntos en los que los maestres fallan como historiadores, pese a intentar mostrarse como imparciales en el desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo, reflexionando sobre lo que se ha visto de esta institución en la serie de televisión, este enfoque no se puede aplicar. No porque realmente los maestres sean grandes historiadores, sino más bien porque nos han retratado a los historiadores reales de una forma que, por desgracia, se ajusta demasiado a la realidad.

En varios capítulos de la 7ª temporada, hemos podido ver que, si bien los maestres aplican un rigor bastante serio a sus investigaciones, en muchas ocasiones, dejan ver mucho de cómo nos mostramos los historiadores a la sociedad. En diferentes escenas, vemos a diferentes maestres de diversos lugares burlarse del pueblo llano, al que consideran vulgar y sin importancia. Se ríen de la ignorancia de algunas regiones de Poniente, catalogándolas como incultas, llegando a afirmar que “secan los sesos” de los maestres que son enviados allí.

En la serie se nos revela, entre otras cosas, que los maestres sabían de la existencia de los caminantes blancos. Sin embargo, la gran mayoría de la población al sur de El Cuello los considera una fantasía sin ninguna base. Incluso personajes considerados como ávidos lectores, Tyrion Lannister es un ejemplo, lo ven como un cuento inverosímil. Vemos por tanto que los maestres, conociendo un hecho como este, no consideran importante transmitírselo a la población.

Esta actitud condescendiente, de mantener el conocimiento reservado solo para unos cuantos eruditos, a muchos les parecerá absurda e intolerable, pero, por desgracia, refleja demasiado bien a los historiadores reales en este momento. La divulgación, que debería ser la última fase del trabajo del historiador y la motivación final de toda investigación científica en el ámbito del trabajo historiográfico, suele quedar olvidada y en muchas ocasiones menospreciada como algo sin valor. Sin embargo los historiadores somos los primeros en poner el grito en el cielo cuando pseudohistoriadores hacen trabajos divulgativos sin base, o cuando una película o serie histórica no son fieles a lo que pretenden representar. ¿Realmente somos los historiadores diferentes a los maestres? A esas personas sentadas en su “palacio de conocimiento”, atesorando toda la información que han heredado y ampliado, pero sin compartirla con el resto de Poniente. Si no trasladamos a la sociedad nuestras investigaciones, no somos distintos a ellos. Seguimos estando encerrados en archivos y universidades, compartiendo nuestros resultados únicamente en los círculos académicos y menospreciando la importancia de la divulgación que, en última instancia, es el motivo mismo de la investigación histórica.

Por suerte, tanto en Poniente como en nuestro propio mundo hay investigadores que buscan que la Historia llegue a más gente y que procuran aprender cómo hacerlo en la medida de sus posibilidades. Esta mezcla de investigador y divulgador, en Poniente, la encarna el archimaestre Ebrose (en la serie Juego de Tronos al menos). Este hombre nos deja dos frases que revelan bastante sobre la importancia de la Historia y de que la gente la lea.

sam y ebrose
Fig. 1: Al fondo, Samwell Tarly junto al maestre Ebrose. Fuente: blogspot.com

“Somos la memoria de este mundo, Samwell Tarly, sin nosotros los hombres no serían mejores que los perros, solo recuerdan la última comida y no anticipan más que la próxima” (Temporada 7, capítulo 1). Tal vez un poco exagerado en su comparación, pero en su otra cita nos da una visión algo más clara de lo importante que es escribir de forma que la gente sienta interés en acercarse a sus obras.

“Si vas a escribir historias, Tarly, necesitas investigar. Si quieres que la gente las lea, necesitas cierto estilo. No escribo La crónica de las guerras subsiguientes a la muerte del rey Robert I, para que se quede en los estantes sin leer” (Temporada 7, capítulo 2) Aún así, cuando Samwell Tarly le recomienda un título “más poético”, que sería algo más popular y cercano a todo el mundo, Ebrose le recuerda que “no son poetas”. Aunque, por algo se empieza.


[Imagen de portada extraída de: ytimg.com]

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