Dragon Blade: Roma en la Ruta de la Seda

¿Qué pudo haber ocurrido con la legión perdida de Craso? ¿Qué intercambios culturales podrían haberse dado entre romanos y chinos? ¿Qué visión tendrían estos pueblos los uno de los otros? ¿Sería posible el entendimiento entre ellos? Todas estas preguntas y algunas otras son las que decide ignorar Dragon Blade, una película ambientada en la China Han, concretamente en el año 48 a.C.

Este film narra las desventuras de Huo An, un capitán chino encargado de la protección de la Ruta de la Seda pero que, tras varios problemas con el gobierno es enviado como prisionero junto a sus hombres a la Puerta del Ganso Salvaje, una de las situadas en el paso de Yanmen, para ayudar en las reparaciones. Tras liberarse y apoderarse de la fortificación reciben el ataque de una legión romana liderada por Lucius. Llevado por la compasión hacia un niño que viaja con ellos, Huo An permite al ejército invasor la entrada en la fortaleza. Allí se descubre que la legión está siendo perseguida por el malvado Tiberio (no el emperador, sino el hermano del niño) que lidera un ejército de 100.000 hombres. Tras una batalla, la coalición sino-latina vence a Tiberius y los supervivientes romanos se instalan en China para defenderla y vivir allí.

A lo largo de toda la película vemos cómo se plantea la base para algunos de los dilemas presentados arriba, para luego ser esquivados de forma constante. Si bien sí sabemos por qué la legión romana huye de Tiberius, no se explica cómo han recorrido la distancia que separa el confín occidental del reino parto y el paso Yanmen.

Tampoco se detalla el proceso de entendimiento entre dos pueblos tan diferentes; todo ello se resume en una escena en la cual Huo An aprende latín en tres sencillas frases, para comunicarse con unos romanos que, pese a estar huyendo por territorio extranjero, no parecen muy interesados en acercarse a la lengua local. Por supuesto, la visión mutua de ambos pueblos es la misma: se contemplan como extranjeros curiosos pero muy parecidos unos a otros. La película no hace ni el más mínimo esfuerzo por mostrar ningún tipo de conflicto entre dos culturas tan distintas entre ellas. El único intercambio cultural que se da es en el momento en que los romanos refugiados enseñan a los chinos cómo reparar la Gran Muralla, algo que, por supuesto, es disparatado.

Incluso a nivel geográfico se presentan problemas, ya que los dos centros de acción de la película, es decir, el paso de Yanmen y la ciudad de Kroran (donde se asienta Tiberius) están demasiado distantes como para tener una relación tan directa como se muestra. De hecho, la Puerta del Ganso Salvaje ni siquiera se encuentra en la Ruta de la Seda, sino que es uno de los bastiones de la zona norte de China, además de que controlaba el acceso a Mongolia, no al oeste. La puerta que vigilaba el acceso al paso de Yumenn, por donde podrían haberse acercado los romanos, es la Puerta de Jade.

A nivel general, como se ha podido ver, la película es un esperpento histórico. Aunque nos gustaría terminar con una nota positiva: en los últimos minutos del metraje se menciona la ciudad que, según se cree, fundarían los prisioneros romanos históricos: Li Gan. Por desgracia, esta nota positiva tampoco va a ser posible, ya que el nombre que se le dio fue Li Jien.

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