Yin y el dragón: una aventura mitológica en la guerra sino-japonesa

yin portadaYin y el dragón es una trilogía de álbumes escrita por el historietista francés Richard Marazano e ilustrada por el artista chino Xu Yao. La historia nos traslada al Shanghái de 1937, a comienzos de la segunda guerra sino-japonesa. En ella conocemos a Yin, una huérfana que vive con su abuelo Li, un viejo y humilde pescador que apenas consigue sacar adelante a su nieta.

Una noche, Li sale a pescar y Yin se cuela en su barcaza. Ya en altamar, las redes de Li se enredan en algo de gran tamaño que resulta ser un dragón dorado. Este se revuelve y llama la atención de un barco de guerra japonés que se acerca a la costa china. Los japoneses, temiéndose que se trate de un barco que pueda dar la alerta de su ataque sorpresa al continente, lanzan una andanada de proyectiles que dejan malherido al dragón. A pesar de la reticencia de su abuelo, Yin acaba convenciéndolo de que no pueden dejar solo a la criatura en su estado y la llevan a tierra.

A la mañana siguiente los protagonistas descubren que los japoneses han ocupado Shanghái, teniendo que enfrentarse a la hostilidad de los invasores, al mismo tiempo que esconden y cuidan al dragón dorado.

El grueso de la trama se desarrolla cuando descubrimos que el dragón dorado no es un animal irracional, sino una deidad menor llamada Guang Xinshi que les anuncia el inminente regreso de Xi Qong, el gran dragón negro del fin de los tiempos que, si bien antaño había gobernado sobre los humanos, ahora solo ansiaba su aniquilación.

A pesar del aciago discurso de Guagn Xinshi, este no muestra ser malvado como Xi Qong, si no que únicamente actúa como mensajero por su condición de dragón menor. De hecho, tras encariñarse con Yin, decidirá enfrentarse a su antiguo señor para intentar salvar a la humanidad.

A pesar de que llegado este punto, la narración se torna más fantástica que histórica, no dejamos de ver en ella la continuidad de un discurso antibelicista con numerosas referencias al conflicto real —el cual difícilmente no nos recuerda a los temas tratados por Hayao Miyazaki en su obra—. De este modo encontramos en Xi Qong una metáfora de la propia guerra como gran mal causado por el propio hombre.

Yin y el dragon_PartFantasía aparte, vemos también referencias directas a sucesos reales de la guerra sino-japonesa, como el hecho de que cuando las tropas japonesas obligan la a evacuar la ciudad ante los primeros ataques de Xi Qong, los protagonistas ven gran cantidad de cuerpos que bajan flotando por el río Yangtsé. Lin se pregunta si son víctimas del malvado dragón, pero su abuelo señala que los cadáveres vienen de río arriba, concretamente de Nankín, y que son víctimas de las matanzas de los japoneses hacia los locales. Aunque la acción de Yin y el Dragón sucede a comienzos de la guerra, en verano de 1937, esta escena hace referencia directa a la Masacre de Nankín, uno de los más trágicos episodios de esta guerra. Así, tras la toma de la que por entonces era la capital de la República de China, el ejército japonés ejecutó indiscriminadamente a militares y civiles, llegando a una estimación de 300.000 víctimas —muchas de las cuales fueron ejecutadas a la orilla del río y arrojadas a él— entre diciembre de 1937 y febrero de 1938.

A nivel histórico encontramos también muy interesante el personaje de Utamaro, un joven capitán japonés el cual había abandonado sus estudios universitarios en mitología comparada para servir en el ejército. Se trata así de un intelectual idealista con gran interés por la cultura china y que confía en las bondades de la guerra que están librando —o que por lo menos justifica y racionaliza sus maldades—. Vemos cómo cree que esta ocupación tiene como objetivo apadrinar el país para librarlo de las influencias occidentales, discurso oficial con el que se había venido vendiendo la anexión de territorios asiáticos por parte de Japón por los defensores de las ideas del panasianismo—ideología que defendía la unión de los pueblos de Asia como oposición al imperialismo occidental sufrido desde el siglo XIX—. Sin embargo no es impermeable ante la crueldad con la que sus compatriotas tratan a los ciudadanos chinos —llegando a emplear su posición como oficial para evitar estos abusos en más de una ocasión y granjeándose el desdén de sus subalternos— y a lo largo de la obra verá tambalearse sus propias impresiones acerca del conflicto, terminando por convertirse en un aliado indispensable para Yin y su abuelo.

Como detalle interesante en la obra, encontramos también el trato de la mitología china, de la cual encontramos a los ya mencionados dragones —especialmente, Guang Xinshi, el cual, si bien originalmente no parece un ser benévolo, terminará por encajar en el arquetipo chino del dragón benefactor de los humanos—, así como varias referencias a otras deidades como el Emperador de Jade, gobernante de los cielos o a Guan Yin, diosa de la compasión.

De este modo, Marazano y Yao crean una gran aventura hermosamente ilustrada en la cual se entrelaza la mitología china con pinceladas de la historia del conflicto chino-japonés, construyendo a su paso una potente fábula antibelicista.

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