¿Sabías que…? (37) La Corte de los Milagros

“Hay en París un terrible lugar,
donde el vil y el canalla se juntan a hablar.
Hay en París un nombrado lugar,
Corte de los Milagros, allí vais a estar.
Donde el cojo huyó,
donde el ciego vio,
pero el muerto no.
[…]”

El Jorobado de Notre-Dame (1996)

Pasear por las calles de una ciudad, pueblo o recóndita aldea permite muchas veces al caminante sumergirse en su historia y presenciar de primera mano el paso del tiempo en estos lugares. Después de todo, quién podría transitar a día de hoy por Whitechapel (Londres) sin pensar en Jack el Destripador, pararse ante la puerta de Brandeburgo (Berlín) sin recordar aquellas imágenes del muro que dividió Alemania en dos tras la II Guerra Mundial, detenerse en la plaza de Tiannanmen (Beijing) y pensar en los tanques detenidos por aquel desconocido individuo o pasear por cualquier callejuela de Roma e imaginarse cómo habría sido dos mil años antes. Por desgracia, algunos de estos emblemáticos lugares no siempre llegan hasta nosotros, debiendo conformarnos con conocer su ubicación aproximada, en urbes que poco tienen que ver con las ciudades en las que se sucedieron los acontecimientos, a través de placas conmemorativas. Un ejemplo de ello se encuentra en París, Ciudad del amor, de la luz, de la moda y, en ocasiones, de los milagros.

En el entorno de las actuales Rue Damiette y Rue des Forges, así como muchas otras de las calles aledañas, se aglutinó, a lo largo del s. XVII, parte de la población parisina más desfavorecida, dando lugar a una de las Cortes de los Milagros o Cours des miracles de París. Habitadas por ladrones, mendigos y prostitutas, estas calles de la antigua ciudad medieval se convirtieron en el centro de numerosos mitos y leyendas, intensificados por la milagrosa sanación que parecían sufrir parte sus habitantes al llegar la noche. Como la canción de El Jorobado de Notre-Dame deja entrever, al entrar en la corte los ciegos recuperaban la vista y los tullidos la capacidad de caminar, eventualidad milagrosa que dio nombre a esta peculiar y poco oficial corte parisina.

Las constantes guerras en las que Francia se vio sumida a lo largo del s. XVII, así como la subida de impuestos y el coste de la suntuosidad profesada por la corte, dieron lugar a un progresivo empobrecimiento de los estratos más bajos de la sociedad, que vieron mermadas sus opciones. Las ciudades, y principalmente la capital, se vieron especialmente castigadas por este empobrecimiento, al no poseer el vulgo tierras o acceso a zonas de cultivo que les permitiesen generar alimentos para sustentarse. En respuesta a esta circunstancia, y a semejanza de lo que sucedía en otras grandes capitales europeas, se produjo un aumento de la mendicidad que, como en todos los oficios, tuvo que hacer uso de la originalidad para aumentar los ingresos. De esta circunstancia surgen las Cortes de los Milagros, cuyos habitantes, o al menos parte de ellos, simulaban lesiones de lo más variado que les permitían alegar en mayor medida a la piedad de la población, recuperando por completo sus capacidades al regresar cada noche a sus hogares.

Autores de la época se hicieron eco de esta peculiar circunstancia, dando lugar a los primeros mitos y leyendas entorno a estos lugares, sirviendo además de inspiración a escritores posteriores, que se encargaron de engrosar y continuar con los mismos, impidiendo en cierta manera conocer qué parte de la historia era real y cuál una invención literaria. Dos de ellos, Henri Sauval y Ollivier Chereau, coetáneos al momento álgido de esta corte, describieron la misma como un lugar lúgubre e inhóspito, donde la podredumbre y la ruina campaban a sus anchas; adjudicándole asimismo un rey, el Coesre o Roi de Thunes, bajo cuyo mando se habría dispuesto una suerte de “cargos institucionales” que habrían caricaturizado aquellos de la corte real.

El inicio del declive de esta estrambótica corte llegó de manos del rey Luis XIV, bajo cuya orden se procedió a destruir la gran Corte de los Milagros de París en torno a 1667. A pesar de ello, muchas otras subsistieron, se reubicaron o en su lugar surgieron otras nuevas, continuando esta dinámica hasta el s. XIX, momento en que se inicia la renovación de París y se destruye parte de la ciudad antigua para la construcción de una nueva. Por ello, a día de hoy, el único testimonio que queda de la gran Corte de los Milagros de París es una placa en Rue Damiette, así como alguna sucinta referencia en el cine, los videojuegos y la literatura.

La corte aparece referenciada en Nuestra Señora de Notre-Dame del dramaturgo y novelista francés Victor Hugo, obra del romanticismo literario que ayudó a propagar la visión idealizada y, en parte, mítica de este colectivo. En ella se inspiró la multinacional Disney para la creación de El Jorobado de Notre-Dame (1996), mostrándonos una Corte de los Milagros algo peculiar y bastante anacrónica. Dominada por el color y vinculada en mayor medida a bufones y feriantes que a mendigos y prostitutas, Disney sitúa la corte en las Catacumbas de París, que no se convertirían en cementerio hasta 1786, mientras la historia original de Victor Hugo tenía lugar en 1482.

Una visión más oscura y quizás más realista la encontramos en el videojuego Assassins Creed Unity, donde Arno, nuestro protagonista, debe recorrer la corte en una de las misiones principales del juego. Este breve viaje por los suburbios de un París sublevado durante la Revolución Francesa, nos permite observar a ese estrato de la población más desfavorecido, las miserias a las que se veía expuesto y la supuesta organización de esta corte, llegando a encontrarnos con el Roi de Thunes. Un reino de ‘ratas’, como lo denomina uno de los personajes del juego, con su propia jerarquía y ley.

Por último, cabe destacar dos productos de difícil acceso para el público no francófono, pero que demuestran la intención de transmitir esta peculiar historia a un público más amplio. Se trata del cómic La cour des miracles de Stéphane Piatzszek, Julien Maffre y Laure Durandelle que, al igual que Assassins Creed, nos presenta una visión más lúgubre y despiadada de este colectivo; y el juego de mesa homónimo en el que el jugador debe hacerse con las mejores zonas de mendicidad de París para convertirse en el Rey de su propia Corte de los Milagros.

Como sucede en muchas otras ocasiones, la historia o aquellos que pretenden transmitirla se quedan en la superficie de los acontecimientos. La Corte de los Milagros, aquella en la que los ciegos veían y los tullidos caminaban, es el envoltorio de una circunstancia mucho más dura y desoladora, que nos habla de la situación en la que se encontraba gran parte de la población de París y Francia entre los siglos XVII y XIX. Una sociedad empobrecida, obligada a subsistir en barrios caóticos y probablemente sobrepoblados a través de la mendicidad, el latrocinio o la prostitución. Un término satírico para describir un hecho anecdótico, que ha subsistido a lo largo de la historia, y que, en el fondo, solo pretendía esconder aquello que sus congéneres no deseaban ver.


[Imagen de portada extraída de: historias de nuestra historia]

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