The terror: Infamy

Señor Vicepresidente, Señor Presidente de la Cámara de Representantes, miembros del Senado y de la Cámara de Representantes: ayer, 7 de diciembre de 1941 –una fecha que vivirá en la infamia-, Estados Unidos de América fue atacada repentina y deliberadamente por fuerzas navales y aéreas el Imperio de Japón.

Franklin D. Roosevelt, 8 de diciembre de 1941 [1]

El ataque a la base naval de Pearl Harbor en 1941 es, sin duda, uno de los acontecimientos históricos más fácilmente identificables y reiterados en la ficción de la II Guerra Mundial; radicando su importancia tanto en la consecuencia que tuvo para el conflicto –la entrada definitiva de los EEUU en la guerra- como por las diferentes teorías que se han vertido sobre las razones y autoría del ataque. Ahora bien, la ficción normalmente confronta al espectador con el relato del propio ataque, con películas como Pearl Harbour (2001), o con productos en los que el ejército americano es parte ya del conflicto, ubicando siempre la escena en territorio europeo o asiático, raramente volviendo la vista a las consecuencias que los acontecimientos tuvieron sobre su propia nación.

The Terror, serie antológica de la cadena AMC, traslada al espectador en su segunda temporada, titulada Infamy -en clara referencia al término utilizado por Roosevelt en su discurso-, hasta tierras norteamericanas, para relatar a lo largo de sus diez capítulos la situación y circunstancias a las que se vio sometida la comunidad japonesa-americana y japonesa-canadiense tras los acontecimientos acaecidos en Pearl Harbor. Una trama histórica en la que se entremezcla el horror de la guerra y el terror sobrenatural, siendo imposible en ocasiones discernir cuál es el verdadero mal que asola a los protagonistas. 

La historia sigue los pasos de Chester Nakayama, un japonés-americano de segunda generación o nisei, habitante de Isla Terminal, territorio ubicado entre los puertos de Los Ángeles y Long Beach (California), lugar elegido para asentarse por numerosos migrantes nipones entre finales del s. XIX y principios del XX. Su vida, marcada hasta ese momento por el choque generacional y cultural con su familia, se verá totalmente desestructurada por los ataques del Imperio Japonés sobre territorio americano, cuya consecuencia más inmediata será el arresto y traslado de la comunidad nipona a campos de reclusión, a fin de minimizar el peligro del “enemigo japonés”. A esta situación se sumará la llegada de un bakemono, criatura del folklore japonés, que dificultará todavía más, si cabe, la situación del protagonista y su familia.

La reclusión que la familia Nakayama y sus congéneres sufren en la ficción tras el ataque a Pearl Harbor, sirve de ejemplo para la situación que numerosos japoneses, asentados desde hacía décadas en territorio americano, tuvieron que vivir a consecuencia de la Orden Ejecutiva 9066 firmada por el Presidente Roosevelt en febrero de 1942, que permitía establecer zonas militarizadas y recluir a aquellos sujetos que se considerasen una amenaza para el país [2]. De esta forma, en torno a unos 120.000 japoneses americanos-145.000 si se suman los japoneses canadienses- fueron obligados a vender sus propiedades y dejar atrás sus vidas, para ser “reubicados” durante aproximadamente tres años en “campos de internamiento”, específicamente creados para ellos. La ejecución inmediata de la nueva orden implicó en muchos casos una reubicación presurosa, que obligó a las familias niponas a vivir, de forma temporal, en instalaciones de lo más diverso, como vemos en la serie con el traslado los Nakayama y sus vecinos a los establos de un hipódromo cercano.

Fig. 1: Etiqueta utilizada para marcar a los japoneses reubicados en los campos de concentración. A la izquierda, fotograma de la serie (elperiodico); a la derecha fotografía de un niño japonés en 1942 (Wikimedia Commons)

Los campos de internamiento, muchos de ellos construidos ex profeso para esa recolocación, contaban con una serie de instalaciones mínimas, como comedores, lugares de culto o instalaciones comunales de lavandería y letrinas; que en ningún caso suplieron las necesidades básicas de la población, que se tuvo que enfrentar, en algunos casos, a condiciones climáticas y de salubridad poco favorables, fomentando la aparición de enfermedades como la disentería y la malaria. A ello se suma el arresto de parte del colectivo, principalmente hombres adultos, sospechosos de espionaje, así como la existencia de campos de mayor seguridad –con peores condiciones de vida- como Tule Lake, donde se ubicaban los disidentes y, posteriormente, los renunciantes.

Por otra parte, cabe destacar la rigurosa exposición que The Terror: Infamy realiza respecto a la vida diaria en los campamentos, así como del ambiente de incomprensión y aceptación del pueblo nipón ante la situación. Asimismo, muestra las escasas oportunidades que tenía el colectivo para huir de dicha circunstancia –como por ejemplo enrolarse en el Regimiento de combate 442, al que pertenece Walt Yoshida, amigo del protagonista- y los percances relacionados con la “Declaración de ciudadano estadounidense de ascendencia japonesa”, un cuestionario con el que se pretendía establecer la lealtad de la comunidad a su país, y cuyas preguntas 27 y 28, relacionadas con el enrolamiento en el ejército y su lealtad al imperio japonés, dieron lugar a numerosos conflictos, reflejados en la serie con el traslado de los renunciantes (aquello que respondían “no” a ambas preguntas) a los campos de alta seguridad.

La situación se mantuvo hasta al menos enero de 1945, momento en que se decreta oficialmente la liberación de los japoneses, a los que se entregó la suma de 25$ y un billete de tren o autobús para volver a sus hogares –algunos de ellos ya inexistentes- como compensación por la reclusión. No sería hasta 1988, que se compensaría definitivamente a la comunidad nipona por lo ocurrido, a través de la Ley de libertades civiles y una disculpa pública el Presidente Ronald Reagan, en la que se reconoció el perjuicio racial implícito en la reubicación. Asimismo, se inicia un intenso debate respecto a la denominación de los campos y la situación, al considerarse que los términos “campo de internamiento” y “reubicación” pretendían minimizar el aspecto negativo de los campos de concentración en los que los nipones habían sido recluidos.

Dejando a un lado el suceso histórico, merece la pena hacer mención a la cuidada representación que la serie hace del ambiente de las comunidades niponas, así como de las diferencias culturales existentes en ellas. Como comunidad cerrada, los japoneses trasladaron con ellos a América sus creencias y folklore, que continuó practicándose por los issei –japoneses de primera generación, nacidos en Japón-, que a su vez eran parcialmente negados o desechados por los nisei –americanos de ascendencia japonesa-. Esta situación queda especialmente patente en la serie con la aparición del yurei –espíritu vengativo- y la negación de Chester a creer en su existencia. Un choque generacional que presenta dos actitudes muy diferentes ante el conflicto, la sumisa de los issei y la combativa de los nisei, esenciales para comprender el desarrollo de los acontecimientos presentados en la serie [3]. El yurei, por su parte, representa la tradición del pueblo japonés –solo los mayores creen al principio en su existencia-, un vestigio que no tiene cabida en el mundo moderno americano, pero que a su vez representa, de forma ficticia, que la migración lleva irremediablemente implícito el traslado de las creencias y el folklore de un pueblo –como ha reflejado también, entre otros, Neil Gaiman en su obra American Gods-.

The Terror: Infamy se configura, por lo tanto, como una serie de terror histórico –tanto humano como sobrenatural- cuyo punto fuerte es, sin duda, la minuciosa representación del momento histórico que relata –la reclusión del pueblo nipón-americano durante la II Guerra Mundial- así como del ambiente y las mentalidades subyacentes en las comunidades japonesas-americanas de los años 40 del siglo pasado. Todo ello gracias a la colaboración de diferentes actores, como el Museo Nacional de los Japoneses Americanos, que cedió parte de los ornamentos presentes en la serie; a las familias represaliadas, que aportaron fotografías que ayudaron a la reconstrucción de los espacios y sobre todo los vestuarios [4]; y a la implicación del reparto y equipo de producción, parte de los cuales son descendientes directos de ciudadanos japoneses-americanos que vivieron en los campos de concentración, como se muestra al final del último capítulo. Fuentes de información primarias, de entre las que destaca el caso del actor protagonista, Derek Mio –Chester Nakayama en la ficción-, cuyo abuelo fue habitante de Isla Terminal y acabó recluido en uno de los campos de concentración [5]; y sobre todo George Takei, actor famoso por su participación en la saga Star Trek, reubicado en el campo de concentración de Manzanares durante la infancia que, además de actuar en la serie, sirvió como consultor para la misma. Una labor desempeñada ya con anterioridad por Takei, importante activista en favor de los derechos humanos, cuyas experiencias durante la II Guerra Mundial puede conocerse a través de su novela gráfica They Called Us Enemy y el musical Allegiance [6].

The Terror: Infamy muestra, por lo tanto, la otra cara de un conflicto bélico en el que, normalmente, los americanos son víctimas y salvadores, mientras los japoneses se configuran como el enemigo a batir. Pocos son los productos que reflejan la situación al otro lado del mundo, de los japoneses expatriados durante la guerra, así como la percepción de los mismos de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, momento reflejado en la serie, donde la pérdida de los japoneses contrasta claramente con la alegría americana. Una serie de terror, donde el peor horror no está representado por el monstruo sobrenatural. El yurei es el “monstruo humano” de una historia trágica, mientras el Mayor Bowen –adalid del pueblo americano- es la representación del “humano monstruoso”. Un producto que nos demuestra, una vez más, que en el género del terror la historia siempre supera a la ficción.


[1] Discurso de Franklin D. Roosevelt: https://www.youtube.com/watch?v=QQsm9mP2Zn

[2] Agencia EFE. Los campos de concentración para japoneses, un trauma de EE.UU. que vuelve a la luz: https://www.efe.com/efe/america/sociedad/los-campos-de-concentracion-para-japoneses-un-trauma-ee-uu-que-vuelve-a-la-luz/20000013-3660263

[3] AMC. Entrevista a Derek Mio: https://www.amctv.es/noticias/derek-mio-las-posesiones-son-paralelas-al-terror-que-vive-la-comunidad.html

[4] AMC. The Terror Making of: https://www.amctv.es/videos/the-terror-infamy-el-making-of

[5] AMC. Entrevista a Derek Mio: https://www.amctv.es/noticias/derek-mio-las-posesiones-son-paralelas-al-terror-que-vive-la-comunidad.html

[6] AMC. The Terror Making of: https://www.amctv.es/videos/the-terror-infamy-el-making-of


Enlaces de interés:

Archivo AMC. The Terror Infamy: https://www.amctv.es/series-archivo/the-terror-infamy

Entrevista a Alexander Woo: https://fueradeseries.com/entrevista-the-terror-infamy-alexander-woo-amc-8c4d16597956


[Imagen de portada extraída de: especialistamike]

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