La Bestia de Gévaudan

La historia se encarga del estudio de todos aquellos acontecimientos y figuras relevantes para el devenir de la humanidad, pero también de aquellos elementos, prácticas o costumbres del pueblo llano, a fin de reconstruir una visión lo más certera posible de los distintos periodos o momentos históricos. Esta democratización de la disciplina –donde todos los individuos tienen importancia y peso en la evolución de las sociedades-, se ha hecho especialmente patente en los últimos años, permitiendo tanto a historiadores, como a lectores y espectadores, acercarse un poco más al día a día de las comunidades que poblaron los territorios que nosotros ocupamos a día de hoy.

Sin embargo, otras disciplinas y agentes optan habitualmente por incidir en una serie de acontecimientos o hitos históricos, reinterpretándolos y buscando constantemente nuevas teorías que los expliquen. Esto ocasiona una pérdida de esa democratización de la historia, al tratarse principalmente grandes paradigmas históricos o acontecimientos que, aunque podrían aportar datos relevantes sobre las sociedades que los vivieron, habitualmente se centran de forma exclusiva en aquellos datos que menos información histórica aportan. La parapsicología y el mundo del misterio son especialmente proclives a centrarse en hechos históricos de difícil resolución, ya sea por la ausencia de fuentes o por las escabrosas consecuencias que esos acontecimientos tuvieron, volviendo una y otra vez sobre los mismos temas, buscando cada vez soluciones más complejas e incluso inverosímiles, obviando la principal meta del estudio histórico: el conocimiento objetivo de nuestro pasado.

Uno de esos grandes y manidos temas que asiduamente vuelve a la palestra, sobre todo en el mundo del misterio, es el caso de la Bestia de Gévaudan, que en este 2021 ha encontrado de nuevo un hueco en los medios de masas, en esta ocasión a través de la música. La banda alemana de power metal Powerwolf ha estrenado, este mismo año, el primer single de su nuevo álbum bajo el título “Beast of Gévaudan”, donde se retoma una vez más el mito de la bestia, aunque desde una perspectiva algo diferente a la habitual. Para comprender su significado, es necesario acudir a los acontecimientos que agitaron la tranquila región de Gévaudan, en Occitania (Francia), entre los años 1764 y 1767, en pleno reinado de Luis XV.

Las crónicas de la época, recopiladas en el s. XIX por el abad de Pourcher en su obra “La Bete du Gévaudan. Veritable Fléau de Dieu”, relatan los desafortunados acontecimientos que asolaron esta región, en la que numerosos miembros de la comunidad –principalmente niños y mujeres- fueron víctimas del ataque de una criatura desconocida. Los testimonios de los pocos individuos que lograron sobrevivir a la misma, hablaban de un ser monstruoso, una bestia de grandes dimensiones, garras afiladas y nutrido pelaje, variando en tamaño y forma a lo largo de los años en que la criatura mantuvo su actividad. Sus víctimas, que se contarían por cientos –aunque existe cierta controversia respecto al número real-, mostraban signos de mordiscos, recuperándose normalmente despedazadas y ocasionalmente sin cabeza.

En 1765 se llevaron a cabo las primeras batidas para cazar a la bestia, sin que estas tuviesen éxito, al tiempo que el victimario continuaba sumando casos. Paralelamente, el acontecimiento llegó a la prensa, iniciándose una cobertura de los hechos poco común en el s. XVIII para una región rural y tan alejada de la capital como Gévaudan. Asimismo, las noticias de la incesante caza de la bestia llegaron hasta la corte de Versailles, que decidió tomar cartas en el asunto, enviando a varios emisarios para resolver el problema. Es en este momento donde se establece la primera teoría sobre la identidad de la criatura, asumiéndose que era un lobo, que fue cazado, embalsamado y enviado a la corte, como prueba de la efectividad de los emisarios reales.

Figura 1. Grabado de la época en el que se representa a la Bestia de Gévaudan. Fuente: Gallica, 2010.

Sin embargo, los ataques no cesaron tras la muerte del lobo, aunque la corona, a fin de acallar rumores sobre la incapacidad de sus agentes, declaró oficialmente que la bestia había muerto y el caso de Gévaudan había sido resuelto. Las muertes continuaron hasta el verano de 1765, cuando Jean Chastel, un vecino de la región, abatió con balas de plata bendecidas a la bestia. 

La historia de la Bestia de Gévaudan, digna de la mejor película o libro de terror, no deja de ser una mezcla de mito y realidad, cuyos límites no siempre es posible discernir. La mayor parte de las crónicas que han llegado hasta nuestros días proceden de la prensa amarillista de la época, que se encargó de retransmitir y exagerar el número de víctimas, los actos cometidos por la criatura e incluso deformar la visión que los testigos habían dado de ella. La fascinación que este acontecimiento suscitó, llevó a la prensa a realizar una intensa cobertura de los hechos, difundiendo el miedo entre la población y desencadenando en una histeria colectiva –se culpó a la bestia incluso de muertes no relacionadas, simplemente por haber sucedido en la región de Gévaudan-.

Asimismo, la Iglesia, que en ese momento luchaba contra la expansión de la Ilustración y el racionalismo, aprovechó la presencia de la bestia para difundir la idea de que la criatura era un azote enviado por Dios para acabar con los pecadores. Idea iniciada por el Obispo de Mende en el propio Gévaudan, donde instó a la población a rezar y hacer penitencia para “expulsar” a la criatura de sus tierras. Una población rural aislada, cuyas tradiciones y creencias todavía se encontraban cargadas de supersticiones y misticismo, donde la idea de la criatura como signo del maligno fue acogida sin demasiadas dudas. Es precisamente este argumento, la bestia como el azote de Dios, la que Powerwolf refleja en su canción, al afirmar que la bestia habría llegado a Gévaudan a por “el padre y el hijo”, “los traidores y los pecadores”, entre otros. Una exposición del mito bastante diferente al que se suele representar, donde el tema principal es habitualmente la identidad de la criatura.

A día de hoy sigue sin saberse qué criatura asoló y atemorizó a la población de Gévaudan, aunque las teorías y estudios alrededor son dilatados. Las interpretaciones más comunes hablan de un lobo, un perro o un híbrido de ambos, aludiendo al tamaño del animal y su ferocidad. Sin embargo, siguiendo la estela de ciertos testimonios, se ha barajado la posibilidad de que pudiese ser una hiena, un leopardo, un oso o un león, especies exóticas que la nobleza resguardaba en sus propios zoos privados; teorizando incluso que podría tratarse de un animal domesticado y azuzado para matar y generar el miedo entre la población. Otra teoría común es la del asesino humano, sobre todo debido a la aparición de signos de agresión sexual en algunas de las víctimas, que por otra parte podrían hablar de un aprovechamiento de los acontecimientos para llevar a cabo asesinatos que, debido al miedo general, serían atribuidos a la bestia. Finalmente, en relación con el misterio, la criptozoología –pseudociencia que estudia animales míticos o inidentificados- ha querido ver en la criatura algún tipo de animal extinto o residual, de proporciones monstruosas e identidades variantes, llegando incluso a afirmar que podría haberse tratado de un hombre lobo.

En relación con esta última afirmación, la bestia como hombre lobo, nos encontramos la película de 2010 El hombre lobo, donde no solo se menciona el caso de Gévaudan, sino que el protagonista sufre precisamente de licantropía, desatando un terror similar al vivido en la región francesa en un condado de Inglaterra. Aunque la representación cinematográfica más relevante sobre el caso de Gévaudan es la película francesa El pacto de los lobos de 2001. En ella, la ficción se desarrolla en el propio Gévaudan, relatando los ataques de la bestia –un león pertrechado con coraza y garras de metal-, a través de la visión de un ficticio enviado del rey, cuyo escudero es nada menos que un indio iroqués de la tribu Mohawk. Una ficción con bastantes tintes de fantasía que, sin embargo, alude a la teoría más aceptada hasta la fecha sobre la identidad de la bestia: un felino de grandes dimensiones “domesticado” o probablemente huido de la colección privada de un noble.

Figura 2. Filmografía que refiere o trata los acontecimientos acaecidos en Gévaudan. Fuente: Filmaffinity, 2001; Sensacine, 2010.

Cabe destacar que Gévaudan no fue la única región francesa en contar con su propia bestia. Otros territorios como Benais, Evreux, Auxerre u Orleans fueron noticia debido a la muerte de algunos conciudadanos a manos –o más bien garras- de una extraña criatura. Sin embargo, el caso de Gévaudan ha pasado a la historia por la gran cobertura mediática que despertó en la época. Un periodo de inestabilidad en Francia, donde el fracaso de la Guerra de los 7 años había desembocado en hambrunas y violencia social, en medio de un declive económico y político general. Una etapa en la que la razón de la Ilustración, tan visible en las grandes ciudades, apenas alcanzaba a proyectar una sombra sobre la superstición de las regiones más apartadas. Un acontecimiento aislado que, debido al afán morboso de la prensa, obtuvo una repercusión más amplia de lo habitual y que no solo mostró la inefectividad o inactividad de la corona para proteger a la población, sino que provocó la histeria entre la misma, azotada por las muertes, y una mayor estigmatización de la figura del lobo como el gran enemigo del campesino. Un relato que constantemente vuelve a la palestra, en esta ocasión mediante la canción de Powerwolf, centrando la visión en las causas o el causante de las masacres, pero rara vez prestando atención a la información histórica que aporta la existencia de la Bestia: las mentalidades de la época –reflejadas tanto en las creencias como en la acción de la prensa-, la situación de la población –afectada por la guerra y sus consecuencias- y la gran desigualdad social de la Francia del s. XVIII.


Gallica (12 de julio de 2010). Figure du monstre qui désole le Gevaudan [estampe].  Bibliothèque nationale de France. https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b84096673/f1

Filmaffinity (2001). El pacto de los lobos. Filmaffinity. https://www.filmaffinity.com/es/film652264.html

Pérez, S. (2016). La Bestia de Gévaudan, en Taxidermidades (blog). https://www.taxidermidades.com/2016/03/la-bestia-de-gevaudan.html

Sensacine (2010). El hombre lobo. Sensacine. https://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-110815/

Soto Roland, F.J. (2017). La bestia de Gévaudan: imaginario y terror en la Francia del siglo XVIII –Mentalidades y contextos – 250 aniversario (1767-2017). https://www.academia.edu/32186574/LA_BESTIA_DE_G%C3%89VAUDAN_IMAGINARIO_Y_TERROR_EN_LA_FRANCIA_DEL_SIGLO_XVIII_MENTALIDADES_Y_CONTEXTOS_250_ANIVERSARIO_1767_2017_

Taake, K.H. (2020). Biology of the “Beast of Gévaudan”: Morphology, Habitat Use, and Hunting Behaviour of an 18th Century Man-Eating Carnivore. Research-Gate (preprint). https://www.researchgate.net/publication/344881313_Biology_of_the_Beast_of_Gevaudan_Morphology_Habitat_Use_and_Hunting_Behaviour_of_an_18_th_Century_Man-Eating_Carnivore?channel=doi&linkId=5f968977a6fdccfd7b7f8ebc&showFulltext=true


[Imagen de portada extraída de: Youtube]

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