Cuando los diablos rojos cayeron del cielo

Fue un 6 de febrero, en una tarde muy fría y con fuertes rachas de viento en la ciudad alemana de Múnich. Un avión Airspeed Ambassador de la compañía aérea británica British European Airways trataba de despegar con destino Manchester tras haber realizado una breve escala para repostar, en su camino desde la entonces capital yugoslava, Belgrado. A bordo iba la tripulación, un nutrido grupo de periodistas y la plantilla, cuerpo técnico y directiva de uno de los clubes de fútbol más importantes del Viejo Continente, el Manchester United F.C. No parecía que el viaje fuera a ser más accidentado de lo normal; era un viaje más de esa tercera edición de la Copa de Europa, y a priori muy feliz, ya que los jugadores volvían al norte de Inglaterra tras haber logrado la clasificación para las semifinales en el estadio del Estrella Roja con un empate a tres. Pero algo pasó. Las condiciones meteorológicas generaron la congelación de la pista de despegue y la acumulación de aguanieve al final de la misma, lo que impidió que la aeronave británica pudiera levantar el vuelo del modo esperado, estrellándose en unos terrenos colindantes con el aeropuerto.

Como sucede siempre con este tipo de accidentes, la conmoción que se produjo entre la opinión pública fue enorme. Pero en este caso hubo otro factor a tener en cuenta. Ocho de los 23 fallecidos eran jugadores del United, y tres más eran miembros del cuerpo técnico y la directiva mancuniana. Sus vidas no valían más que los periodistas, aficionados y tripulantes que también fallecieron, pero sin duda eran más conocidos, y el impacto generado entre millones de aficionados al deporte rey fue mucho mayor que el de la mayor parte de accidentes más o menos similares. La expansión del fútbol como fenómeno de masas y máximo exponente del ocio europeo era evidente a mediados del siglo XX (de hecho, en El Octavo Historiador ya hemos tratado ese tema con anterioridad), por lo que era algo esperable. Muchos escribieron sobre el tema, muchos otros solo reflexionaron de forma más o menos apasionada sobre seguridad aérea, sobre héroes del deporte o sobre la vida en general. Pero algunos decidieron emplear el arte para seguir teniendo presentes a aquellos diablos rojos que estaban dando patadas a un balón ya en el otro lado. La música fue la disciplina en la que primero tuvieron cabida los homenajes, con la Flowers of Manchester de Eric Winter siendo lanzada en 1962 por el grupo The Spinners. Pero el recuerdo siguió vivo pese al paso de los años y las décadas, cuando podríamos pensar que todo quedaría ya un lejano recuerdo. Fue un músico nacido un año más tarde de la tragedia de Múnich, el inglés Morrissey, el que compuso (junto con Alain Gordon Whyte) y cantó otro conocido tema sobre el accidente, Munich Air Disaster 1958, incluída en los bonus de su disco de 2004 You are the Quarry. Poco después, en 2006, The Futureheads publicaron con la misma temática News and Tributes, que incluso dio nombre a su segundo álbum.

Imagen 1: avión accidentado en el aeropuerto de Munich. Extraída de infobae.com

La composición que más se preocupó por relatar los traumáticos hechos al detalle fue la más inmediata, aquella Flowers of Manchester lanzada pocos años después. Las primeras estrofas describen todos los acontecimientos con una gran fidelidad histórica, comenzando por los momentos previos: One cold and bitter Thursday in Munich, Germany / (…) Matt Busby’s boys were flying, returning from Belgrade, / the great United family, all masters of their trade. / The pilot of the aircraft, the skipper Captain Thain. / Three times they tried to take off and twice turned back again (“Un frío y amargo jueves en Munich, Alemania / (…) los chicos de Matt Busby estaban folando, volviendo de Belgrado, / la gran familia del United, todos maestros en su oficio. / El piloto del avión, el capitán Thain. / Tres veces trataron de despegar y dos retornaron de nuevo”). Inmediatamente después pasa a revivir los instantes en los que la catástrofe se materializó: The third time down the runaway disaster followed close, / there was slush upon that runaway and the aircraft never rose. / It ploughed into the marshy ground, it broke, it overturned. / An eight of the team were killed as the blazing wreckage burned (“La tercera vez en la pista el desastre siguió de cerca, / había aguanieve sobre la pista y el avión nunca se elevó. / Chocó con el terreno pantanoso, se rompió, se volcó. / Ocho del equipo murieron mientras ardían los escombros”). Posteriormente se hace referencia a todos los futbolistas fallecidos, así como por aquellos que tuvieron una larga convalecencia en el hospital, teniendo incluso que retirarse prematuramente de la práctica del fútbol. También se nombra a uno de los periodistas fallecidos, que a su vez había sido un popular y exitoso portero en el rival ciudadano del United, el Manchester City.

Muy diferente en cuanto a contenido es la Munich Air Disaster 1958 de Morrissey, una breve composición de apenas dos minutos y medio en la que no se trata de hacer una crónica de aquellos hechos luctuosos. El que fuera cantante de The Smiths optó por dar a luz una especie de “oración” por los jugadores fallecidos, centrándose sobre todo en los sentimientos de los aficionados que los añoran, incluso los que no fueron contemporáneos de los “Busby Babes” (“los chicos de Busby” era el sobrenombre de aquel grupo entrenado por Matt Busby, y que es considerado como el primer gran Manchester United de la historia). La canción se inicia precisamente con una sincera declaración de amor hacia esos héroes balompédicos del pasado, señalando que We love them, / we mourn for them, / unlucky boys of red (“Nosotros los amamos, / nos lamentamos por ellos, / desafortunados chicos de rojo”). En la misma línea va otra breve estrofa: We miss them, / every night we kiss them, / their faces fixed in our hearts (“Los echamos de menos, / cada noche los besamos, / [tenemos] sus caras fijas en nuestros corazones”). También la News and Tributes de The Futureheads va en esta línea. Aunque se incluye alguna referencia histórica, a grandes rasgos es de nuevo un recuerdo a aquel grupo sacudido por la desgracia, marcado por la melancolía.

Imagen 2: vidrieras de Duncan Edwards en la iglesia de Saint Francis, en Dudley. Extraídas de duncan-edwards.co.uk

Esta fijación por la nostalgia y la alabanza más que por los hechos, posiblemente se explique porque la pérdida de aquellos futbolistas (a fin de cuentas, los más conocidos entre los fallecidos) tuvo un profundo impacto en la sociedad inglesa de la época. Hubo numerosos homenajes, que en algún caso llegaron hasta la casi “beatificación” de alguno de los jugadores, como Duncan Edwards. Pese a su juventud, Edwards era ya el capitán del equipo, y estaba considerado como un líder que podría llevar a su club y a la selección inglesa a las más altas cotas del deporte. Tras su muerte, 15 días después del accidente, por las secuelas derivadas de éste, tuvo un funeral multitudinario en su localidad natal, Dudley. Allí mismo, tres años después, dos nuevas vidrieras decoraron la iglesia de Saint Francis. En ellas había sendas imágenes de Duncan Edwards ataviado con las equipaciones del United e Inglaterra. En la que portaba la casaca de los Diablos Rojos sostiene una cartela que reza God is with us for our Captain (“Dios está con nosotros por nuestro Capitán”). Fútbol y religión se fundían en una cristalera, poniendo de manifiesto que, a mediados del siglo XX, ese deporte de apenas una centuria de vida era capaz no solo de movilizar masas y mover cantidades ingentes de dinero, sino hasta de encontrar un lugar dentro de lo más sagrado.

En cualquier caso, todo esto tampoco debería resultar del todo sorprendente dado que, por desgracia, ha habido más hechos similares a lo largo de la Historia. No solo accidentes aéreos en general, sino también varios en los que se vieron envueltos clubes deportivos en general, y clubes de fútbol en particular. Los casos más conocidos fueron la conocida como tragedia de Superga o el accidente del Chapecoense. El primero de ellos fue, de hecho, muy anterior a la tragedia de Munich. En mayo de 1949 la aeronave en la que se desplazaba el Torino F.C., el mejor equipo de finales de los años cuarenta, se estrelló contra la basílica de Superga, en Turín, lo que conmocionó a la Italia de posguerra. Más reciente fue el choque del avión en el que viajaba la plantilla del Chapecoense brasileño para disputar la final de la Copa Sudamericana en Colombia, que ocupó los titulares de todo el planeta en noviembre de 2016. En ambos casos pronto comenzaron a aparecer homenajes musicales de distinta factura, que tenían como denominador común el recuerdo a las víctimas y los sentimientos que despertaron en aficionados de todo el planeta.

Imagen 3: grada de Old Trafford con una pancarta conmemorativa. Extraída de moneycontrol.com

No es raro que cualquier acontecimiento histórico trágico acabe marcado en la memoria, o que artistas muy diferentes se inspiren en ellos a la hora de componer. Pero que un accidente tan concreto como la tragedia de Munich siga tan presente en los aficionados del Manchester United. El fútbol es un deporte en el que, pese a que el negocio pesa mucho, el apego de los fans por las tradiciones y la Historia es una constante. Un ejemplo claro de esto lo vemos en Old Trafford, el “Teatro de los Sueños”, el estadio de los Diablos Rojos, donde hay un reloj que marca constantemente la fecha y la hora del accidente, o una placa en la que se menciona a todos los miembros del club que fallecieron allí. También otro de los grandes clásicos ingleses, el Liverpool F.C., hace referencia en su propio escudo a sus 97 aficionados fallecidos en la “tragedia de Hillsborough”, donde fueron aplastados en una avalancha humana, teniéndolos por tanto presentes cada día. Y no son casos únicos. Es decir, esa mirada hacia el pasado es clave en la identidad colectiva de los aficionados.

Las canciones comentadas aquí también hacen referencia a esa nostalgia por tiempos pasados, presente tan a menudo en cualquier sociedad. Un pasado que a veces es tan remoto que nos es casi ajeno, pero que igualmente tiende a ser idealizado. Es Morrissey, seguidor del United pero nacido después de la tragedia, el que lo refleja mejor, aunque aquí se refiera exclusivamente al fútbol: They can’t hurt you, / their style will never desert you / because they’re all safely dead (“Ellos no pueden hacerte daño, / su estilo nunca te abandonará / porque todos ellos están muertos”). El pasado se muestra como un lugar seguro, donde habitan héroes de los que solo importa su lado más positivo, aquel que permita sentirse nostálgico y orgulloso. Es decir, que aquí nos encontramos con uno de tantos ejemplos de que los fenómenos de masas, la antropología y la Historia suelen darse la mano, y que además es habitual que tengan una banda sonora muy acorde a los tiempos.

Vídeo con una versión más reciente de «The Flowers of Manchester»

Vídeo con imágenes de época de «Munich Air Disaster 1958», de Morrissey

Vídeo con el tema «News and Tributes», de The Futureheads


[Imagen de portada extraída de: kodromagazine.com]

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